Ese profundo sentir, esa confianza. Esa cándida y tibia convivencia, esa furia de la impotencia de protección. Ese pensamiento permanente y esa habitual compañía solo resume lo infinito de mi amor y devoción por ellas. Cada una con sus particularidades, sus gustos y su ternura codificada en aromas diferentes. Su pequeñez y su grandeza, su presencia y su amor, su miedo y su novedad, su fragilidad y abandono, su ignorancia, inocencia y sabiduría, ellas, maduras a la fuerza, mis sombras que brillan a la luz del sol, ellas y su independencia, su seguridad, su lado propio de sentimientos, su autonomía, su tolerancia, su inteligencia, su propiedad, ellas venidas a mi en santísimo manantial, ellas mis compañeras permanentes, mis eternas amigas, ellas, son la razón para vivir.
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