Un teorema comprobado como el que cada causa tiene un efecto produce al paso de los años una resonancia verídica y ya no suena mas a academicismo universitario sino al parpadeo de la vida. Estamos hechos de efectos como una ley universal inequívoca. Toda llamada conspiración o denominada felicidad es producto de una acción convergente.
Vamos caminando en tanto la vida nos lleva y hemos aprendido a sortear los mas diversos matices grises y oscuros para trocarlos en estrellas luminosas y tibias.
He visto como se caen estrellas e íconos en mi vida. Como, frente a la verdad, sucumben aquellas ideas y sentimientos superfluos y también como brillan los que no fueron vanos.
La vida se paraliza en un párrafo cuando seguimos palpitando en un armonioso son de fé y esperanza. Al avanzar en el trajín, descubro hasta la mas mínima sensación de mi cuerpo y junto a mi cerebro escribo la predicción certera del futuro. Cosechar no es dificil, sembrar lo es. Y sembrar en terrenos movedizos sin el sostén del abono de la verdad, sólo concibe un fruto infectado e inútil.
He visto la caída de un gigante, he visto la desolación y falsedad, he visto la inmundicia e hipocrecía. Todo efecto tiene una causa aprendí hace años, Todo efecto tiene una causa, comprobé con el tiempo.
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