viernes, 28 de enero de 2011

una memoria, un recuerdo y la sensación de perderlo todo

Hay un instinto que nunca muere dentro de mi y que a chubascos resiste esta llama sin apagarse;
sólo evoca la memoria de lo que quedó atrás y que jamás volverá a ser parecido siquiera.
La colección de recuerdos parecen revolotear cuando vienen tangibles de la tierra, como un trozo de
queso o un dulce de feria, directo de allá.
Hoy es noche viva porque trajo aquellas pequeñas cosas que revuelven mis recuerdos; alguien vino de
mi país y trajo cosas, cada una con su historia, ahora que lo recuerdo, de mis memorias.
Y en mi tranquilo espacio taciturno que tengo para mí, no cabe toda esa sensación de perderlo
todo.
La ausencia es la fallida razón de las esperanzas de allá, mi ausencia propicia los mas suculentos
bacanales de la amada. Aquí, en mi verdad, otras campanas suenan con su proria historia y traen vientos de emoción y esperanza para seguir viviendo con éxito, un éxito en inglés que entiendo y que comparto con mis amores, pero allá lejos de aquí, mi ausencia física es sólo un espejismo para el valor del amor, amor corrupto y acéfalo, que va de un lado a otro sin encontrar una salida o quizá ya la encontró.
Mi ausencia es la verdad de ella. Sin presencia no existe el respeto ni nada más que el fugaz momento
de enredos y pasiones baratas.
Mantenerse ecuánime y recto a los pactos es inútil para ella. La mentira y la infame satisfacción física
son la salida y aunque oiga sus voces de amor deberé esperar a encontrar la verdad para mi futuro.
Una mezcla de sentimientos se vierten sobre mi. Mi país, será mi país hasta que muera. Mi amor podría cambiar de un día para otro y enterrar todas las memorias por la desilución de haber sido engañado es una decisión de un minuto.
Viva mi país y no tanto mi amor.

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