Y las viejas malas costumbres con lo viejo se corren en palpitaciones dolorosas, la mente, la señora del día también revuelve su hora y no se deja manejar.
Los temores y el cuerpo juntos izan la batalla para no caer en el abismo profundo del destierro.
La amalgama de colores y oscuridades ciernen sus olas sobre el sueño provocado, y de nuevo la señora se levanta salpicando con chispas de vida para acompañar la soledad.
Duele la garganta y duele el amor. La vista se hace borrosa pero no el corazón. La fortuna de la vida sigue en pie sin reposo.
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